jueves, 4 de septiembre de 2014

Línea crítica: la banda sonora salva a Runner Runner, película de 2013 dirigida por Brad Furman

Runner Runner tiene un comienzo ágil, atractivo, con un personaje dudoso, interpretado por Justin Timberlake, vinculado a los timos del juego on-line. Richie Furst estudia en Princeton y pierde todos sus ahorros en una arriesgada partida de póker virtual. Sintiéndose estafado, decide viajar a Costa Rica para denunciar y conocer a Ivan Block (Ben Affleck), líder y beneficiario de la fraudulenta organización.
 
 
 
 
Furst llega hasta Block y queda fascinado por el mundo de diversión y opulencia en el que se mueve. Pero ese mundo está lleno también de trampas. Las autoridades Costarricenses reciben por el silencio, pingües beneficios. Y se trata de gente peligrosa, ligada a la mafia. Furst comienza a pensar si ha sido buena idea quedarse allí y trabajar para Block. Nuestro ingenuo héroe conoce a una chica (Gemma Arterton), asistente personal de jefe, y amante suya.
 
Para complicar más las cosas, Block comienza a encargar a Furst misiones cada vez más peligrosas. Furst descubre que Block es un astuto timador profesional a escala planetaria. Un agente del FBI (Anthony Mackie) trata de convencerle para que participe en la captura de su jefe. Furst tendrá que tomar cada vez decisiones más delicadas, no sólo para no terminar residiendo en la cárcel, sino para salvar la vida de los que ama, incluida la suya propia.
 
Dirige el fiasco Brad Furman (El inocente). La película no aguanta la tensión y se desliza por la llanura de lo aprehendido a base de ver muchas películas: el cliché. Sabemos cómo va a terminar la función al poco de comenzar y eso sólo beneficia al que vende palomitas. Podrían haber sacado más partido de los personajes interpretados por Affleck, Arterton o Timberlake. Ni se molestan. Los triángulos amorosos malo-chica-bueno, dan, a veces, interesantes complicaciones.
 
Sí me ha gustado, no obstante, la banda sonora, compuesta por Christophe Beck, las localizaciones y el vestuario. También, a ratos, las cifras y tecnicismos de los diálogos, denunciando los renuncios y cuevas de alí babá de este negocio que arruina cada día a miles de personas por el mundo... Pero de ahí a una buena película, sobran muchas palomitas.
 
 
Jorge Arellano
Alumno de Cine de CEV



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